15.11.18

No pensar

Foto: Rafael Romero

Al igual que la canción que abre el disco («La gran mentira»), esta que inicia la cara B se distancia un poco del tono más poético del resto de canciones y utiliza un lenguaje más narrativo. El texto es bastante explícito y descriptivo de una situación y un proceso muy concreto… bajar a la calle, de noche, a respirar, acompañado del vacío sonoro que solo rompe alguna moto al pasar. Y, al volver a casa, un piano sobre el que deslizar alguna letra, alguna emoción y darle forma de canción.

Una escena de Varda

Foto: Rafael Romero

«Un paseo por una isla, un espléndido día de verano y una conversación sobre Agnés Varda. Un corazón roto, bajo destellos de azul ultramar y amarillo azo, encontrando el camino hacia la recomposición. Lo complejo. Lo simple. El instante en que entra la luz atravesando la grieta y se forma el ángulo perfecto.
La sencillez de lo cotidiano, corriendo paralela a la complejidad de la vida. La sencillez de un piano y dos voces, la mía y la de Iria… «Una escena de Varda».»

Corazón ardiendo

Foto: Rafael Romero

La sensación de tener el corazón ardiendo, de sentirlo dentro entre llamas descontroladas por el viento. El fuego interno, intenso… que prende y secuestra en un dolor que desvela… deseando una gota de lluvia… la más pequeña gota de lluvia que alivie con su silencio.
El fuego que purifica y nos arroja a un estado nuevo, donde todo puede volver a ser, a crecer… el amor… un juego de dolor y esperanza.
El corazón ardiendo… la voz de Iria Vázquez y el cello de Macarena Montesinos… ardiendo.

Azul Ultramar

Foto: Rafael Romero

29 de marzo de 2019, el día amanece con una triste noticia: el fallecimiento de mi querida Agnès Varda. Pero en Vigo luce un sol espléndido, con la incipiente primavera en su máximo esplendor… la luz (azul) abriéndose paso para aliviar las penas. Instintivamente cojo mi bicicleta, un bocadillo, una cerveza, una grabadora… y pongo rumbo a mi playa favorita para contemplar el mar. Sé que allí me espera Agnès para despedirme de ella como se merece. Enfocando el azul intenso del cielo y el mar, rozando la arena dorada, que a ella tanto le gustaba fotografiar.
Y como un torrente, entre montañas de agua marina empezaron a brotar las palabras, los versos y una melodía… “Azul ultramar”, el último regalo de Agnès, que a mi regreso a casa tomó forma definitiva con el piano y que en “15.11.18” se desliza sobre un paisaje sonoro de las olas del mar de Alcabre y los coros de Iria Vázquez

Preciosa y el aire

Foto: Rafael Romero

“Preciosa y el aire” es uno de los dos Romances de Lorca que he musicado en “15.11.18”. No es la primera vez que el poeta granadino aparece en uno de mis discos, ya lo hizo en el anterior (“Viravolta”), vía versión de “La leyenda del tiempo” de Camarón. De él, especialmente de su “Romancero gitano”, me atrae su forma de manejar un lenguaje delicado y preciosista, cuando realmente los temas que subyacen son oscuros y escabrosos. Esa forma suya de conjugar oscuridad y belleza, me han servido de inspiración para muchas de las letras de este disco.
En lo musical, “Preciosa y el aire” es un vals, un tres por cuatro que me saca del habitual cuatro por cuatro en el que se movía el resto de mi cancionero anterior. Y aquí me acompañan, por primera vez, la dulce voz de Iria Vázquez y el cello de Macarena Montesinos. Los arreglos de cuerda son también suyos y es un honor tenerla junto a mi en este disco. Su forma de tocar el cello siempre me ha resultado fascinante, es capaz de sacarle unos registros y expresarse con un lenguaje y una emoción poco común.

La Gran Mentira

Foto: Rafael Romero

“La gran mentira”, la mentira más grande, solo puede contarla la persona en la que más confías.

Una ruptura puede ser un punto final… o un punto y aparte.

Aunque, por su naturaleza, pudiera ser una canción ideal para cerrar, en este caso el guión caprichoso de la historia la coloca al principio de “15.11.18”. Un punto de inicio brusco, catastrófico, que señala un camino hacia la transformación.

“La gran mentira” no fue la primera canción que compuse para el disco, pero sí fue la que definitivamente provocó que “15.11.18” se haya quedado en un ejercicio de piano y voz. En un primer momento, aunque las canciones iban saliendo con el piano, mi intención era hacer otro disco electrónico, con sus arreglos, sus estructuras, su variedad sonora… como venía siendo hasta ahora en mis discos como Apenino. Por esos días, mis comidas quincenales con mis amigos Rafa y Eloi, terminaban a veces mostrándoles mis nuevos avances y cuando les enseñé “La gran mentira”, vieron clarísimo que las canciones tendrían que quedarse así desnudas, sin cocinar, crudas… Y, gracias a ellos, empecé a darme cuenta que esa iba a ser la mejor forma de entregároslas. Sin aliños ni adornos innecesarios.